Estos tres últimos días me han recordado aquellos tres primeros días. Los tres primeros días cuando inconsciente de que ya vivías dentro de mi, seguía el ritmo de vida alocado y desenfadado que tu padre me motivaba a llevar, por mis venas transitaba más oxitocina que sangre, hasta lo veía guapo y todopoderoso. Íbamos y veníamos de arriba a bajo como cuando adolescentes, nos prodigábamos amor, elucubrábamos proyectos, en fin, todo teníamos y nada hacíamos. El punto es, que de la nada me sentía mareada y nauseabunda, el humo del tabaco, al que ya casi me volvía adicta, se tornó intolerable, escondía sus cigarrillos. Cada mareo que llegaba venía acompañado de una fuerte corazonada de que algo realmente extraordinario estaba por suceder.
Bailar, reír, embriagarnos, y hacer y hacer el amor... hasta que pasó un día, luego dos, seguido del tercero, cuarto, quinto y... quince días de retraso!!! -No te preocupes, los médicos me han diagnosticado con problemas de fertilidad, seguro sólo es un retraso. Pero aquel retraso de quince días se volvió en uno de casi un mes, entonces si, una prueba casera de embarazo era ya, menester obligado.
Los nervios nos invadían; mi proceder: llenar el orificio de unas gotas de orina, dejar el artefacto en el lavabo y salir corriendo del baño.
-Ya pasaron 5 minutos (los más largos de mi vida), corre, ve por la prueba y me dices que salió.
No hicieron falta palabras, sus ojos desorbitados y tomarme entre sus brazos lo dijeron todo, una gran bocanada de aire, millones de ideas revueltas en nuestras mentes, fundirnos entre las sábanas y dejar lo demás para después...
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