Que bien se siente el cansancio cuando la razón del mismo es el desvelo por la primer tarea de mi primogénito. Mi pequeño Gibran Jakse, Gibran, libanés de Gabriel...Gabriel, nombre de mi ángel de la guarda, significado: valiente guerrero de Dios, y vaya que lo es. Jakse, la irreverente mezcla de los nombres de aquellos, quienes en su momento, fundidos de amor, lo engendraron, autoría y creación del portador de aquel esperma que ganara la carrera.
Aunque tiene apenas tres meses ya se ve en la necesidad obligada de realizar menesteres de niños grandes. Una carabela calcada sobre cartoncillo y decorada con ayuda de su madre, para conmemorar el descubrimiento del nuevo continente.
La realidad es que Gibran yacía plácidamente dormido cuando su madre llegaba a casa, después de una feliz jornada de 12 horas de trabajo. La tarea ya había sido comenzada por su tío, más que su tío, casi casi su figura paterna, y es que de aquel que se cree su padre después platicaremos. Recortar, pegar semillas, embadurnar de polvos de diamantina, hasta las sombras de ojos de la abuela jugaron su papel en aquella obra de arte, y... listo!!!
Ahora inicia la lucha contra el reloj para dejar lista una pañalera bien equipada, lavar y hervir biberones, no olvidar el agua y de paso un poco de ropa... ppfff las 12:00am! y Gibran nisiquiera se entera del torbellino que pasa frente a sus narices. Por fin puedo acomodar entre mi regazo esa cabecita de cabellos finitos, apenas ver un rayo de luz que se filtra entre mis párpados más pesados que el acero y dar un beso lleno de amor en la frente de Gibran, porque en exactamente seis horas él despertará de su sueño y en su idioma de bebé, con una sonrisa dibujada en su rostro, me dirá: Buenos Días MAMÁ!!!
Aunque tiene apenas tres meses ya se ve en la necesidad obligada de realizar menesteres de niños grandes. Una carabela calcada sobre cartoncillo y decorada con ayuda de su madre, para conmemorar el descubrimiento del nuevo continente.
La realidad es que Gibran yacía plácidamente dormido cuando su madre llegaba a casa, después de una feliz jornada de 12 horas de trabajo. La tarea ya había sido comenzada por su tío, más que su tío, casi casi su figura paterna, y es que de aquel que se cree su padre después platicaremos. Recortar, pegar semillas, embadurnar de polvos de diamantina, hasta las sombras de ojos de la abuela jugaron su papel en aquella obra de arte, y... listo!!!
Ahora inicia la lucha contra el reloj para dejar lista una pañalera bien equipada, lavar y hervir biberones, no olvidar el agua y de paso un poco de ropa... ppfff las 12:00am! y Gibran nisiquiera se entera del torbellino que pasa frente a sus narices. Por fin puedo acomodar entre mi regazo esa cabecita de cabellos finitos, apenas ver un rayo de luz que se filtra entre mis párpados más pesados que el acero y dar un beso lleno de amor en la frente de Gibran, porque en exactamente seis horas él despertará de su sueño y en su idioma de bebé, con una sonrisa dibujada en su rostro, me dirá: Buenos Días MAMÁ!!!
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